“Quizás por eso no tenía amigas, porque mientras las otras chicas se contaban sus historias entre ellas, yo reproducía la mía, con exactitud, en mi cuaderno; y mientras la memoria de un ser humano puede fallar, las letras impresas son imborrables. Supongo que por eso me aislé y nunca tuve la necesidad de comunicarme, porque ya lo estaba haciendo de otro modo. Escribir era también comunicar, aunque mis escritos siempre terminaban escondidos y sin participarle al mundo mi dolor, mi felicidad o mi disconformidad.”

•Abzurdah, página 40.